domingo, 29 de junio de 2014

/ Lawn dogs / Il ladro di bambini / Chistiane F /

2008-12-22
Hoy he visto Lawn dogs, una película bientintencionada, pueril, mediocre. Me gustó la niña, Mischa Barton.

Imdb 
Lawn dogs / Inocencia rebelde / Inocência rebelde / Heimliche Freunde
1997
John Duigan
Mischa Barton

Ayer vi El ladrón de niños, de Gianni Amelio. No recordaba que fuera tan buena. Es amarga, conmovedora, pero además memorable. El argumento es mínimo:
1. Introducción. Rosetta, de 11 años, es prostituida por su madre; atrapan a la madre.
2. Títulos.
3. Resto de la película: Rosetta y su hermano menor son llevados por un guardia hasta un instituto para menores; durante el viaje, el guardia se encariña con los chicos.
Lo principal, para mí, es la transformación de los personajes y de sus interrelaciones. En películas tan disímiles como Il ladro di bambini, Kiki’s delivery service, The woodsman, Fucking Åmål o La ciénaga, yo veo que el autor (director, guionista o quien sea) comprende a los personajes.

Imdb 
Il ladro di bambini / Ladrón de niños / Niños robados / The stolen children / O ladrão de crianças / Les enfants volés / Gestohlene Kinder / I nostri figli
1992
Gianni Amelio
Enrico Lo Verso, Valentina Scalici

Y hace varios días vi Chistiane F - Wir Kinder vom Bahnhof Zoo. Es una película deficiente con un tema horroroso. Es lineal, previsible, carente de creatividad, pero deja una huella en la memoria. Supongo que esa intensidad no surge del mérito cinematográfico de la historia sino de su carácter denotativo: o sea, del hecho de conocer que ese viaje a los Infiernos ocurrió, que Babsi murió, que Christiane F existió y existe y sufre todavía los efectos de aquella oscura prehistoria. (Dicho de otro modo, si me hubieran convencido de que el argumento era ficticio, la película, para mí, sería pésima...)

Imdb 
Christiane F. – Wir Kinder vom Bahnhof Zoo / Christiane F / Yo, Cristina F / We children from Bahnhof Zoo / Eu, Chistiane F., 13 anos, drogada e prostituída / Die Kinder vom Bahnhof Zoo / Moi, Christiane F.,  13 ans, droguée, prostituée...
1981
Uli Edel (Ulrich Edel)
Natja Brunckhorst

De las tres, Il ladro di bambini es indudablemente la mejor; Lawn dogs es la peor. Christiane F no será una buena película pero sí es un muy buen testimonio.

martes, 18 de febrero de 2014

/ La joven de la perla /

2008-10-31
Acabo de ver en mi computadora Girl with a pearl earring. Me conmovió. Pero no sé muy bien por qué. Por motivos personales, tal vez. Admiro mucho a Velázquez, pero es una admiración distante. Me parece que mis dos pintores predilectos –pero en un sentido íntimo– son Vermeer y Degas. Y mis dos pinturas predilectas de Vermeer son La muchacha de la perla y El taller. ¿Qué podría decir de La muchacha de la perla? Quieren elogiarla comparándola con la Gioconda. Salvo que entre ambas hay una diferencia incalculable. Son obras maestras, por supuesto. Pero la Gioconda es admirable; La muchacha de la perla, en cambio, es perturbadora. La Gioconda, a pesar de su sonrisa, es definitivamente una pintura, una cosa artística; la muchacha de la perla está viva... y me mira con una mezcla de fervor y languidez que me desarma. Pero me estoy alejando del tema. La muchacha de la perla, dentro de la pintura, es una obra mayor; dentro del cine, Girl with a pearl earring no es una obra mayor. No es mala, sin embargo. Scarlett Johansson está muy bien, como siempre; la imitación fotográfica del estilo de Vermeer y la reconstrucción histórica son maravillosas; la música mantiene el enigma; el ritmo no decae. El argumento, en cambio (completamente imaginario), es tan pequeño que resulta pobre: una mucama nueva, llamada Griet, se incorpora a la casa de Vermeer; aunque es analfabeta, tímida y sumisa, Griet empieza a perturbar la relación de Vermeer con su esposa. Fin. Bueno, tal vez lo resumí demasiado... Hay otros personajes, pero son secundarios: el novio de Griet, el mecenas de Vermeer. Una ramificación interesante pero novelesca es el talento de Griet para la luz y los colores; poco a poco Vermeer la va aceptando en su taller; Griet lo ayuda e incluso lo corrige. Ese vínculo es lo que perturba el matrimonio de Vermeer y culmina con el despido de Griet. (La anécdota imaginada es casi trivial: el famoso par de aros pertenece a la esposa de Vermeer.) Entiendo que no es una gran película, pero me conmovió. La escena en que Griet abre las ventanas del estudio
[La nota quedó sin terminar.] 

Girl with a pearl earring / La joven de la perla / La joven con el arete de perla / La jeune fille à la perle / La ragazza con l'orecchino di perla / Moça com brinco de pérola / Das Mädchen mit dem Perlenohrring 
2003
Peter Webber
Scarlett Johansson

sábado, 11 de agosto de 2012

/ La misión /


2008-10-24
Acabo de ver en mi computadora La misión, de Roland Joffé. Está muy bien realizada, pero no es la clase de cine que prefiero. De Niro es estupendo, como siempre. La música de Ennio Morricone no me gusta. Los paisajes, por supuesto, son hermosos. El uso de los idiomas es incoherente: los guaraníes hablan algo que supongo guaraní; por ahí aparecen frases en castellano; los españoles se comunican en inglés. Me pareció excelente el contraste de los dos jesuitas: el que muere predicando el amor y el que muere combatiendo. Otro acierto es el poco verosímil pero memorable via crucis del asesino/mercenario/traficante, que atraviesa la selva arrastrando el patético peso de su culpa, materializada en una carga de armas y de armaduras. Creo que la principal debilidad de la película es su carácter espectacular y escenográfico. Hace concesiones al exotismo, al turismo. Por otro lado, el planteo de fondo es claramente valorativo, y eso me incomoda, porque me siento un poco manipulado. La distinción entre buenos y malos es tan clara que me resulta sospechosa. Al terminar la película, digamos, tengo que ser un pro-jesuita fervoroso. La distribución de los rótulos “bueno” y “malo” me ha resultado siempre bastante difícil. ¿Es obviamente bueno que una comunidad de aborígenes aparezca alabando a la Virgen María? La película lo considera obvio y hace todo lo posible para inculcarme esa valoración; por eso me ha quedado este regusto de haber sido víctima de manipulación ideológica. Más allá de eso, es indudable que La misión, hasta ahora, es un clásico.

Imdb
The mission / La misión / Mission / La mission / A missão / Die Mission / ミッション / 战火浮生
1986
Roland Joffé
Robert de Niro, Jeremy Irons

martes, 24 de julio de 2012

/ La mujer sin cabeza /

2008-09-26
Hace un rato vi por segunda vez La mujer sin cabeza. Si la primera vez quedé con alguna incertidumbre, ahora se disiparon mis dudas: La mujer sin cabeza es una extraña obra maestra. Es posiblemente la más inteligente de las tres. Y es martelísima… Bueno, esta vez pude ver el comienzo: por un lado, los chicos con el perro en el canal; por otro, las familias en los autos. Vi muchas cosas nuevas. Principalmente dos: los mecanismos para ocultar, distorsionar o desocultar la realidad, y las alusiones sociales.
La vez anterior yo había detectado, digamos, la teoría abstracta sugerida por la película: nuestras representaciones mentales van mutando y no son nunca la realidad; deberíamos considerarlas opacas, no transparentes. Pero no entendí por qué Martel se detenía en todas esas historias aparentemente secundarias: el vendedor de macetas, la chica con hepatitis, etc. Ahora lo entendí: la película muestra muchos ejemplos de varias operaciones que involucran representaciones mentales. En primer lugar, ejemplos de ocultamientos: Verónica sustituye su color natural de cabello con tinturas, las roturas del auto son borradas, Verónica oculta un amante, el olor a podrido de un cadáver es anulado cerrando la ventanilla, hay registros que no aparecen… Por otro lado, hay operaciones de embellecimiento de la realidad; podría poner los mismos ejemplos: el cabello, etc. Y por otro lado, hay operaciones de desocultamiento: averiguar qué sucedió, o tratar de averiguarlo, o al menos descubrir que algo estaba oculto. Un ejemplo es el jardinero que se topa con algo enterrado. Otro es la protagonista, que por un momento quiere saber qué sucedió: si era perro u hombre el atropellado.
Algo que la vez anterior no había ni siquiera barruntado son las alusiones sociales de la película. Hay un chico pobre, Changuila, que aparece muchas veces. Hay también un viaje a un barrio pobre. Y al final hay una sutileza genial: en una “juntada” de todos los protagonistas (una reunión en un hotel) suena una canción comercial norteamericana; aparecen los títulos y un rato después la canción es sustituida por una cumbia berreta. Ahí está el contraste social, y el deseo de ocultar uno de los polos del contraste: el desagradable mundo de los pobres (los cuales, sin embargo, son utilizados por la clase media, y conviven con ellos). Es decir que los ocultamientos y distorsiones de la imagen de la realidad son de muchas clases. Y la película no deja de ser hiperrealista en ningún momento: logra que uno vea esos procesos en el mismo transcurrir de la realidad más cotidiana. Martel sugiere que la imagen de la realidad es una materia plástica, maleable, en permanente proceso de modelado y transformación. A mí me resulta asombroso que Martel haya podido llegar a eso desde una anécdota insólita y casi mínima como la de: una mujer chocó un perro. Lucrecia Martel me deslumbra. No puedo creer que los críticos internacionales no descubran el oro de La mujer sin cabeza. Un detalle más: Verónica, después del choque, padece algún trastorno en la memoria y en la percepción de la realidad; queda confusa, digamos. Es ese momento de extrañamiento, ese cimbronazo, lo que pone en duda todo: la “transparencia” de las representaciones mentales. Pero al final, aparentemente, recobra la lucidez y todo vuelve a su lugar: la vacilación desaparece, las operaciones de modelado de las representaciones vuelven a ser transparentes… Aunque ya no para el espectador (o no al menos para algunos espectadores…). Y una cosa más: igual que en las películas anteriores, acá el verdadero protagonista no es un individuo sino un tejido social. No importa menos el fondo que la figura; no importa menos el entorno que la figura.
En síntesis, creo que La mujer sin cabeza es la más inteligente, la más ajedrecística de las extrañas creaciones de Martel (hasta 2008, al menos). Lucrecia Martel, sin ninguna duda, es lo mejor que ha dado el cine argentino del último medio siglo. Y quizá también del último siglo.

La mujer sin cabeza / The headless woman / La mujer rubia / La femme sans tête / La donna senza testa / A mulher sem cabeça / Die Frau ohne Kopf
2008
Lucrecia Martel
María Onetto

domingo, 15 de julio de 2012

/ La mujer sin cabeza /


2008-09-20
Vi La mujer sin cabeza. Estaba ansioso por verla. (En el cine la empezaron a dar hace dos días, pero anteayer y ayer no pude ir.) Llegué tarde: entré a la sala cuando la mujer acababa de chocar al perro. Cuando la película terminó quedé desconcertado. Un rato más tarde me sentía maravillado. Pensé en Leonera, que había visto unos días antes. Nuevamente discrepo con los críticos (y con la mayoría del público formado por los que no son críticos). Leonera ha recibido elogios permanentes; La mujer sin cabeza, en cambio, fue recibida “con frialdad” e incluso con abucheos. A mí me parece que juegan dos juegos diferentes. Es como comparar a un tipo que juega bien a la pelota con otro que juega bien al ajedrez.  En comparación con otros que juegan a la pelota, Leonera es una buena película; pero La mujer sin cabeza juega al ajedrez, no a la pelota. Según lo que importa en una película como La mujer sin cabeza, Leonera es una creación pobre, muy pobre. El mérito de Leonera, además del hecho de estar correctamente filmada, es mostrar algo que nunca nadie había mostrado: la vida de las mujeres encarceladas con sus hijitos encarcelados. Sin embargo, en el desarrollo de ese tema, Leonera revela una chatura que los demás no ven porque la película está sola en su género. O sea, si hubiera otras películas que mostraran la vida de mujeres encarceladas con hijitos encarcelados, estoy seguro de que Leonera quedaría en un segundo plano, o tercero. ¿Y La mujer sin cabeza? Lo primero que veo es que se trata de una obra sumamente original; hay creatividad en el tema, en las situaciones, en los diálogos, en cada fotografía. Todo es creativo. Supongo que no me equivoco si adjudico esa creatividad a Lucrecia Martel. Por otro lado, es evidente que la película es muy sutil. Tan sutil, me parece, que excluye a la mayoría del público. Recuerdo a Roderer: las jugadas eran tan hábiles que ni siquiera el narrador de la novela –buen ajedrecista, supuestamente– podía comprenderlas bien. Y eso es lo tercero: La mujer sin cabeza es una película inteligente. Inteligentísima. (Al contrario de Leonera.) En suma: inteligente, sutil y creativa. ¿Cómo fue la experiencia completa que viví? (Se puede poner en duda lo que voy a recordar, sobre todo si tenemos en cuenta la película.) Yo había visto La ciénaga y La niña santa, que me parecieron obras maestras. Me enteré en algún momento de que Martel había realizado La mujer sin cabeza. La esperé con expectativa. Me enteré (por el diario local) de que la película había sido proyectada en el festival de Cannes, donde recibió las críticas frías y abucheos que mencioné antes. Algo perplejo, me puse a leer más críticas en Internet: eran ambivalentes, pero en general coincidían en la “frialdad”. Mientras tanto, yo esperaba que la proyectaran. Pasaron meses. Finalmente, hoy, la vi. Y la voy a ver de nuevo, para conocer el comienzo y descubrir sutilezas que seguramente se me escaparon. Ahora bien, yo fui a ver la película con el recuerdo vago de lo que ya había leído sobre ella. En particular, recordaba una crítica que la consideraba como una parábola sobre la memoria y el olvido acerca de la dictadura militar argentina. Ahora quiero ver la película sin ese influjo, que juzgo parcialmente erróneo. Yo no veo nada que se vincule directamente con ese hecho puntual; opino más bien que un mérito de La mujer sin cabeza es su carácter general, y desde ese punto de vista puede vincularse con cualquier hecho singular de memoria y olvido; un ejemplo entre muchos podría ser la dictadura militar argentina. Según lo que digo, el tema es la memoria y el olvido; y no está mal, pero yo lo diría de otro modo: el tema de La mujer sin cabeza son las representaciones mentales. El final de la película es tan desconcertante como genial. En la última escena hay una situación perfectamente cotidiana y anodina –una reunión de varias personas con música comercial–  pero vista a través de un vidrio. La clave de toda la película es ese vidrio: parece inexistente, por su transparencia, pero por momentos distorsiona la imagen. Así funciona la mente. Nuestra imagen del mundo no es el mundo sino una representación mental. Una pequeña falla en la representación pone de manifiesto lo que no vemos: algo que no es inexistente sino transparente. Esa falla es la repentina confusión de Verónica. La metáfora central de La mujer sin cabeza es la de la antítesis entre lo opaco y lo transparente. En síntesis, La mujer sin cabeza sugiere que las representaciones mentales –sobre el pasado, por ejemplo– son relativas y se construyen y reconstruyen. Lo cual no es incompatible con una filosofía realista y “objetivista”. Un par de recuerdos para vincular: 1. El crimen que existió pero se borra, en el final de la novela Crímenes imperceptibles, de Martínez; 2. Un verso paradójico de Borges: En el plástico ayer irrevocable…

La mujer sin cabeza / The headless woman / La mujer rubia / La femme sans tête / La donna senza testa / A mulher sem cabeça / Die Frau ohne Kopf
2008
Lucrecia Martel
María Onetto

sábado, 14 de julio de 2012

/ Fucking Åmål / Lilja 4-ever /


2008-03-14
(La nota anterior, bosquejada, no vale.)
Bueno, me regalé una pequeña diversión. Subtitulé en castellano (mejor dicho, en argentino) las dos películas de Moodysson a partir de subtítulos en inglés escritos por no sé quién. El trabajo (que me ocupó siete días) me obligó a ver las películas de un modo no habitual, volviendo sobre cada escena muchas veces, prestando atención a la concordancia de voces con subtítulos, etc. Toda película está hecha para ser vista de cierto modo: de punta a punta, sin interrupciones, sin detenciones ni retrocesos, e incluso por primera vez: o sea, sin conocer lo que vendrá. A ese modo lo voy a llamar “modo ω” (omega). (Es un invento que se me acaba de ocurrir.) Bueno, el hecho es que, al subtitular estas películas, no las vi del modo ω. El director, cuando las hacía, tampoco las veía del modo ω. (Pero hacía todo para que la película fuera eficaz en el modo ω.) Si no me equivoco, el único que hace películas pensando en el modo ω pero también en otros modos es Greenaway. Él espera que sus películas sean divididas, revisadas, reordenadas... (Borges hacía lo mismo en literatura.) El hecho es que vi las películas de un modo no ω. Y me sucedieron dos cosas. Por un lado, ciertas escenas emotivas perdieron emotividad. Por otro lado, ciertas escenas ganaron emotividad. Sobre todo en Lilja 4-ever. Me sucedió que varias escenas, aisladas, me hicieron un nudo en la garganta. Hasta se me vidriaron los ojos. Por ejemplo, cuando Volodia-ángel le hace recordar a Lilja el momento en que ella escribía “Lilja 4-ever” en el banco. O también el momento en que Volodia-ángel le hace el regalo de Navidad a Lilja: le regala el mundo. A ella, que está condenada. O el momento en que Volodia-ángel le permite escapar de la prisión: y ella se pregunta “¿Adónde voy a ir?” Es libre, por fin, pero no tiene adónde ir. Esos momentos, y muchos otros, son magníficos. Después, sin embargo, vi la película completa en el modo ω y me pareció bastante lineal y fría, como la primera vez. Me resultó muy extraño. (Por eso estoy escribiendo esta nota.) En Fucking Åmål me sucedio al revés: algunas escenas emotivas (como la fiesta sin amigos) después de la quinta o sexta repetición se me apagaron.
Sin embargo, para mí sigue estando claro que la mejor película de Moodysson (de las tres que he visto) es Fucking Åmål. Y las más entrañable, también.

/ Fucking Åmål /


2008-03-09
Vi de nuevo Fucking Åmål. Se me ocurrió traducir los subtítulos del inglés al castellano. Me llevó dos días. Para hacerlo, tenía que ir viendo escena por escena. Cuando terminé, vi la película completa. Ese ejercicio militar me permitió descubrir muchos detalles que se me habían escapado. (Un ejemplo: cuando Elin va a cortar la relación con Johan Hult, lo llama al celular de Markus. La musiquita del celular es la del Himno a la Alegría...) Y, aunque ya estoy ajando la rosa que venero, sentí otra vez el gusto de mirar una película muy buena. Salvo que ahora la vi más adolescente que nunca. Y otra cosa: yo modifiqué con alguna libertad los subtítulos; en el futuro, la tiranía del autor va a desaparecer.