lunes, 31 de marzo de 2008

/ Diapasón /

1988-12-02
(…) Querría anotar muchísimas cosas que se me ocurren constantemente. Muchas preguntas acerca del escrito anterior, la película de anoche, mi relación con x1, cómo estoy escribiendo, qué voy a hacer. (…) Si a los ocho años hubiera escrito ejercicios como éste ahora sabría de qué modo pensaba. Porque éstos ejercicios son lo más parecido a mi forma de pensar. (…) Quería decir que me preocupa el vivir en el azar. O sea en la ignorancia, me desespera el no saber. (…) x2 se puso a hablar conmigo acerca de la carrera que voy a seguir. Ni ella ni mi mamá ni mi papá están conformes con que yo siga Letras porque me voy a morir de hambre en el futuro (qué metáfora fea y corriente). Y no sé si tienen en cuenta la base hereditaria, que es lo que más me hace dudar. (…) Y querría hablar sobre Diapasón, pese al miedo. En este 9º escrito estoy anotando un poco todos los temas de los que me gustaría hablar. Voy a hablar sobre Diapasón, al modo de estos ejercicios. Al final las consecuencias de no enfrentar un problema son peores que las que de, eh..., que puede acarrear la miserable verdad. Bueno, ese “miserable” es un poco cómico. Un poco es esta tendencia al sinceramiento conmigo mismo que tengo desde hace algunos años. Para aclararlo: no me animo a escribir mi opinión sobre una película porque seguramente va a ser muy “imperfecta”. Pero es peor no hacerlo que soportar las críticas, y ésto se puede trasladar a muchos otros aspectos de mi vida, y está relacionado con la “liberación” en el dibujo y al fundamental temor al error que me hace evitar ciertas cosas. Al escribir la frase anterior era consciente de las cacofonías que había en esas palabras agudas (por el acento), como temor, error, evitar, y de infinidad de errores anteriores, pero lo escribí igual y eso me parece bien. Quizá antes no lo hubiera hecho para evitar las críticas a la esos errores. Para ésto me intento fabricar (o descubrir, mejor dicho) una estructura de verdades. Verdades como qué es lo que tiene valor, porqué hago tales cosas, si alguien está errado o no, etcétera. Yo quería escribir sobre Diapasón. (…) Volvamos a Diapasón, la película de Polaco. Me parece (después de haber visto En el nombre del hijo y, sobre todo, Diapasón) que Jorge Polaco es uno de los mejores directores actuales de cine (argentinos), pese a que se diga que hace cine underground o pese a recién iniciarse. Vuelvo a tener miedo. Imagino al lado mío a un estudiante de cinematografía, o a un crítico o a cualquier erudito, riéndose o sonriéndose, que es peor, por las estupideces que puedo escribir. Esta imagen está continuamente presente y me cohibe. Bueno, no importa. Leí, al salir, no. Otra cosa. Me acuerdo de los análisis literarios que hacíamos en el colegio, sobre la biografía del autor, tema de la obra, argumento, etc (de paso digo que eran muy insuficientes, dejaban de lado muchos aspectos que también se podían analizar) y pienso que debería darle un orden parecido a esta “opinión” mía. Sí, ahora sí: leí al salir del cine un artículo de un diario pegado en la cartelera que hablaba sobre Diapasón y decía que ese instrumento simbolizaba el “mundo de resonancias íntimas” de Boncha, o algo así. Para mí tiene otro significado, tan importante como que es el tema de la película. (no sé si se permite esa expresión, “como que es”). El diapasón, objeto que sirve para afinar instrumentos musicales, es algo así como el símbolo de la norma, la pauta que se debe tener en cuenta para “perfeccionar” la vida humana. Y es lo que pretende hacer el tipo, cuyo nombre no recuerdo. Supongamos que se llamaba Juan. [El nombre correcto es Ignacio.] Qué opinión desordenada. ¡Pongámosle orden! Para empezar, el argumento: un hombre, Juan, se casa con una mujer, Boncha. Hay notorias diferencias entre ambos y él quiere transportar a la esposa al nivel en que él se encuentra. (¡Perdón por la horrorosa sintaxis! ¡Piedad! ¡Es porque busco la espontaneidad!) La mujer no mejora, él la hostiga, la golpea, ella llega al límite y lo abandona. Después el relato se torna confuso, no sé si la mujer vuelve o no, pero me parece que no es tan importante. Juan al final queda solo. Por otra parte hay dos sirvientes, eh, ..., eh,.., bastante poco comunes, no, bueno, un sirviente al parecer mudo, rengo, jorobado y perverso, no, no perverso pero sí, no sé, morboso, y una mujer de ochenta años que se opone a que el mudo espíe por telescopios pero que también espía cuando está sola. Lo que extraje en claro de esa hora y media o dos horas de imágenes trastornadas y extremas es que Juan es un hombre que por su herencia y por la educación que ha recibido tiene el máximo de refinamiento en sus costumbres, en sus gustos, es un hombre exquisito, un artista, y que además posee dinero. Por contraste, Boncha es una mujer torpe, fea, burda, tanto por educación como por herencia. Hay una imagen perfecta en que se nota claramente ese contraste: cuando ambos bailan una danza yugoslava en el living o en el escritorio de él, no sé. Pero está presente esa diferenciación en todo el film (o filme). El la quiere perfeccionar, elevarla tanto “espiritualmente” (¡qué palabra que no me gusta!) (no sé si es correcta la sintaxis en el paréntesis anterior) como en cuanto a su aspecto físico, a su forma de caminar, de vestirse, de pintarse. Simbólicamente la está “afinando”, con su diapasón. Para mí el nudo de la película (bueno, son varios los problemas) puede ser la, cómo se dice, la, la, ¿crítica?, la puesta en duda, no, ¡cuestionar! (tuve que buscar la palabra en un diccionario de sinónimos), el nudo puede ser el cuestionamiento que se hace acerca de la validez del diapasón utilizado. Y por otra parte se plantea el problema de la posibilidad de perfeccionar a Boncha, que no es sino el del determinismo hereditario (o casi determinismo). Es decir: primero si es posible su “elevación” cultural, moral, etc, y luego de acuerdo a qué patrones se debe llevar a cabo. (...)

No hay comentarios: