lunes, 31 de marzo de 2008

/ Fucking Åmål /

2001
(…) No pude no ver de nuevo Fucking Åmål. Me gusta, e incluso me gusta mucho, salvo por la música incidental, que es un error. Lo que la convierte en una película para adolescentes es la música. Me gustaría ver esta película dentro de cincuenta años o cien. Me gustan las películas porque permiten graficar la complejidad. Las teorías pueden ofrecer modelos esquemáticos de algunos sectores de la realidad, pero no de este monólogo, ni de la sucesión de instantes que vive Agnes. Yo pensaba: ¿por qué Elin y Agnes, por qué Pauline y Juliet? Y descubrí que lo que me atraía en las criaturas celestiales es que ellas viven lo que yo nunca pude: coincidir completamente con otro. Yo quería ser como ellas, no tener al lado a un alguien más o menos parecido a mí o –lo que es peor– parecido a todos, sino a un cómplice total de mi mundo privado, lo cual significaba despreciar al resto del mundo, que siempre me ha parecido despreciable. (…)

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