lunes, 31 de marzo de 2008

/ Géminis /

2005-09-12
He visto Géminis de Albertina Carri. Me ha parecido una película con más defectos que virtudes, pero sobre todo me interesa el tema: el incesto de hermanos. Recuerdo Los soñadores de Bertolucci. Recuerdo una novela (que no leí) de Juan Filloy: Sexamor, si no me equivoco. Ahí aparece el incesto. Por otro lado, vinculo esos recuerdos con una película para televisión de K. Zanussi (un hombre joven con mujer o amante necesitaba trabajar y caía en manos de un aristócrata homosexual), con Saló de Pasolini, e incluso con La muerte en Venecia de Mann. Mi análisis es el siguiente. La película The woodsman de Nicole Kassell, sin negar el carácter perjudicial del abuso de niñas, trata de entender (y yo diría: entiende) al abusador y a las víctimas. Eso es lo que Géminis no hace: no trata de entender a nadie. Y ni siquiera se limita a mostrar los hechos: aparentemente los desaprueba. (No voy a referirme a los demás problemas: actuaciones, diálogos, etc.) Hay dos posibilidades, me parece: 1. La película habla del incesto; 2. La película habla de una clase social; en particular, de una clase social de la Argentina de “esta época”. Yo me inclino por 2, ya que si el tema fuera solamente el incesto, habría muchos elementos innecesarios. Pero si el tema es una clase social (adinerada), entiendo que la representación es crítica. Y si la representación de esa clase social es crítica, el incesto se vuelve un símbolo de algo malo. Para decirlo en criollo: “Miren, en ese mundo que parece tan envidiable se cocinan estofados.” Eso, por un lado, es una tontería, porque en todo país, en toda época, en toda clase social hay estofados. Pero por otro lado, esa relación incestuosa ¿es un estofado? O sea, ¿es moralmente reprobable?
Mi respuesta es simple: si no hay perjuicio para nadie, la relación incestuosa no es reprobable. Que genere horror es un resabio de supersticiones medievales. Existe el riesgo de los hijos (los bebés con cola de cerdo, de García Márquez), pero con el preservativo, la píldora, el DIU y lo que se vaya a inventar en el futuro, ese problema desaparece. Si técnicamente no estamos en la Edad Media, es posible que los valores de la Edad Media ya no sigan vigentes.
El hecho de mostrar el incesto como algo malo, y sin tratar de entender a nadie (ni a los hermanos, ni a la madre, ni a la cultura que hereda el espanto medieval), es lo que vincula a Géminis con Zanussi, Pasolini y quizá con Mann. En la película de Zanussi hay un aristócrata corrupto y uno de los atributos que ejemplifican su moral corrupta es la homosexualidad del aristócrata. ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? Con respecto a Pasolini, Saló me parece una película muy mala, muy pobre. El sexo está presentado también como ejemplo de corrupción moral. Y algo de eso hay en La muerte en Venecia, pero de un modo mucho más sutil. Hay cierta idea de “decadencia” que puede ser decadencia moral y que se materializa en la atracción de Aschembach por el adolescente. El otro Mann, el autor de El ángel azul, trabajó la misma idea: el profesor va por los caminos del vicio, etc., y llega al colmo de la decadencia moral.
Es cierto que, así como observamos las costumbres y creencias de un pueblo “primitivo”, sin ofendernos porque pensemos diferente, así podemos observar las costumbres y creencias de Mann, de Zanussi, de Albertina Carri: como si pertenecieran a otra cultura. La mía es la de Kassell.

[La película de Zanussi es Deceptive charm / Encanto desenfrenado / Urok wszeteczny, de 1996, que forma parte del ciclo Weekend stories.]

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