lunes, 31 de marzo de 2008

/ Howl's moving castle /

2006-03-15
Hoy vi por segunda vez El increíble castillo vagabundo, que hasta ahora es la última película de Miyazaki. Lo único que he leído sobre ella es una crítica del diario La voz del interior, de modo que mi opinión es bastante “pura” (o sea, sin influencia de otras opiniones).
Cuando vi por primera vez esta película me sentí ligeramente decepcionado. Me gustó, pero mucho menos que Kiki (mi preferida) o que Chihiro. Me disgustaron varias cosas. En primer lugar, todas las copias que llegaron a Córdoba estaban dobladas al castellano. Por otro lado, en el comienzo de la película el movimiento se veía entrecortado, como si hubiera pocos cuadros por segundo. En cierto momento me parecía que la historia se complicaba demasiado. Pero lo que más me disgustó fue el "discurso de los corazones", en el final. Eso ocurrió el miércoles pasado, hace una semana.
Creo que el sueño y la fatiga que yo tenía aquella vez debieron influir en mi visión de la película. Hoy, cuando la vi de nuevo, me pareció hermosa. Descubrí que la estructura es perfecta y que el tema es excelente. Toda la película no es otra cosa que los recuerdos confusos de una viejita. El miércoles pasado no me había dado cuenta de eso. Por otro lado, en esta película (a diferencia de Nausicaa, por ejemplo) Miyazaki juega permanentemente con el sentido figurado. El carácter impredecible y complejo de la fantasía la protege contra los problemas que suelen padecer las obras alegóricas. Acá no se sabe nunca dónde están los límites entre realidad y ensueño, o entre sentido literal y figurado. Por lo demás, las ideas felices abundan. La simplísima idea del envejecimiento de Sofi debido a un hechizo de la bruja Calamidad es magnífica, además de conmovedora. Antes de eso, el episodio de Sofi adolescente caminando por el aire con el mago hermoso, mientras abajo hay un baile espléndido y feliz, es otra idea conmovedora. ¿Qué sucedió en realidad? ¿Bailaron allá abajo y ella se enamoró? ¿Habrá sido ése el único contacto real que ella tuvo con él? En tal caso el resto no sería más que una mezcla triste de recuerdo y deseo, atravesados por la música inolvidable de aquel vals. Que todo sea la memoria de una viejita, y que esa viejita, cuando se enamoró, haya sido una chica fea, le agrega ternura a la historia. La puerta cambiante del estrafalario castillo puede ser también una metáfora de la memoria. Y hay más hallazgos. Calcifer. Cuando la viejita se adormece frente al fuego, éste le comienza a hablar. Igual que en las creencias más remotas de la humanidad, el fuego vive. Salvo que este Calcifer no tiene nada de solemne. Un detalle admirable es que cuando el fuego comienza a hablar –con ojos y boca–, detrás de él hay una máscara en relieve, con ojos y boca, y la boca de Calcifer es la boca de la máscara. Sofi, que lo mira, se adormece… El chico aprendiz de mago es inefable. Únicamente una persona buena puede inventar algo así. Por otro lado, no se sabe quién es ese chico. Pero Sofi, que no ha sido madre, se encariña con él. La edad variable de Sofi es otro hallazgo inesperado. Y la bruja Calamidad, ya deteriorada, ¿es la madre de Sofi? Pero en ese momento ya no tiene poderes. Mucho antes, la bruja, que la había envejecido, le dice: “La próxima vez te haré senil.” Esa broma es despiadada, y no es imposible que toda la película sea la mente de Sofi senil. Todo se mezcla: infancia, amores, madurez, cuentos de brujas y hechiceros… Y la guerra. ¿Murió Howl en la guerra? El final de la película es feliz, pero triste, porque todo es un ensueño. Con respecto a los “corazones”, hay que pensar que esa metáfora es perfectamente creíble en la mente de una viejita simple que se ha dedicado a coser y limpiar y que nació en el mil ochocientos y tantos. Por lo demás, es una metáfora válida: es denotativa.

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