lunes, 31 de marzo de 2008

/ Interiores /

1989-08-06
(...) Interiores trata acerca de una familia de buena posición económica y alto nivel cultural, y de los conflictos que se suscitan entre sus miembros. (...) El tema de la película es la compleja relación entre los integrantes de esa familia, es decir entre todas las personas. Allen desnuda, precisamente, el “interior” de cada uno y sus vinculaciones entre sí. Desnuda al hombre verdadero, tal como es en todos sus aspectos. En la película tales relaciones turbulentas están simbolizadas en el mar encrespado que recién se serena hacia el final, cuando la muerte de la madre pone término a la tragedia. (...) En esta película, como en otras de Allen, los personajes poseen un elevado nivel cultural, son intelectuales (más se nota en ésta por contraste con la mujer que el padre de familia trae de Grecia). Y hay una escena en particular que quisiera no olvidar. Las hermanas, sus esposos, el padre y su nueva mujer se encuentran sentados alrededor de una mesa, creo que tomando un café, y conversan sobre una película que han visto. Este es el medio del que se vale Allen para hacer referencia a asuntos que lo obsesionan y sobre los que él se ha explayado en otras obras, como la carencia de sentido de la vida ante la muerte o su preocupación por la injusticia y el sufrimiento de la humanidad y el temor de que tal preocupación no sea más que una idea abstracta. Pero lo que me impresionó fue la crudeza con que contrasta el mundo intelectual de la familia y la torpeza, en todo sentido, de la amante del padre. Porque esa mujer representa a la mayoría de la población o por lo menos a gran parte de ella y éso es escalofriante. Por otra parte me veo yo identificado entre ambas clases de personas. Siempre he sentido que me gustaría ser un personaje de un filme de Woody Allen, me gustaría poseer la sinceridad, la firmeza intelectual, la profundidad y lucidez de sus personajes. En cambio sé que apenas acabe de escribir ésto voy a volver a mi desorientación y debilidad habituales. Pero de éso voy a hablar más adelante. Cuando vi la escena mencionada me surgió la pregunta de si es posible la comunicación entre el crítico y el resto de la familia, acerca de cine o literatura. De algún modo el experto en algún tema no puede conversar sobre ese tema con el que no es experto porque siempre se produciría una situación de desigualdad, la superioridad del experto impediría una comunicación normal. Lo que trae como consecuencia es que el que sabe queda aislado, incomunicado, y que los demás quedan imposibilitados de opinar acerca de esa materia porque el experto los supera. Salvo en lo relativo a la afectividad o el modo particular que ese asunto incide en una persona, lo cual, por ser individual e irrepetible, es valioso en sí mismo. Eso es lo que me ha conferido el suficiente valor como para escribir este texto pues sé que un crítico de cine o un “intelectual” haría una interpretación superior de la película de Woody Allen. Pero de todos modos se hace difícil vivir cuando han vivido genios. Es como que todo lo que cada uno hace carece de valor porque otros lo harían mejor. Atormenta pensar que la existencia entera de una persona puede ser obviable. Sin embargo lo que muestran Setiembre, Interiores y Hanna y sus hermanas es que de algún modo las vidas de todos están equilibradas porque nadie se libra de sus sufrimientos, frustraciones, temores, ni se ve privado de sus pequeños o grandes momentos de felicidad. Otra vez vuelvo a aquella frase que Borges puso en boca de Tadeo Isidoro Cruz, “ningún destino es mejor que otro”, y otra vez llego a la conclusión de que no me es posible aceptarla como ley. Yo edifico (en base a lo que permite el mundo) mi destino. Es inaceptable que mis posibles futuros no difieran en valor pues éso negaría la necesidad de luchar, negaría el sentido del progreso. (…)

Nota posterior sobre Interiores (2008-05-17)

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