lunes, 31 de marzo de 2008

/ La cueva del perro amarillo / Después del casamiento /

2008-03-28
Bueno, ese día 22, más tarde, vi otras dos películas en el cine: Después del casamiento, de Susanne Bier, y La cueva del perro amarillo, de Byambasuren Davaa.
La cueva del perro amarillo es muy agradable; a la vez pequeñísima y grande. Es pequeñísima por el argumento, casi inexistente, y por la intención: tan sólo mostrar cómo vive una familia nómade en algún punto recóndito del Asia oriental. Hay una anécdota, pero no tiene la menor importancia: una niña quiere tener un perro y el padre se opone, hasta que el perro salva a un hermanito de la niña. La leyenda de la que proviene el título, contada por una viejita, tampoco tiene la menor importancia. Cada tanto hay unas reflexiones probablemente budistas y bastante prescindibles. La actuación de la niña es muy buena. Por otro lado, la película sugiere algo grande por la inmensidad de los paisajes y por la lentitud serenísima de la narración. Pero no hay mucho más que eso. No parece una película. No quiero ser malvado, pero opino que el agrado que provoca es de tipo turístico.


Después del casamiento me pareció sobrecogedora. Y excelente. Tiene una fuerza dramática que me mantuvo tenso en la butaca desde el comienzo hasta el final, sin pausa. No he leído ninguna crítica; lo que yo vi fue un argumento excelente y actuaciones excelentes. Hay una situación dramática tortuosa donde se mezcla lo social y lo personal: un idealista frustrado y pobre que dirige una especie de comedor comunitario para niños en la India tiene que pedir dinero a un millonario danés o sueco (no recuerdo) para que el comedor no cierre. Unos dieciocho años atrás, la esposa del millonario había sido amante del idealista y… no sigo. La historia da un par de giros inesperados, y lo que podría haber sido un tosco alegato en contra de los ricos se convierte en algo complejo, denso y trágico. Lo peor de la película es el título: verdaderamente insípido, en contraste con la fuerza emocional de cada uno de sus instantes. De todos modos, creo que no es una película para ver muchas veces. En una segunda o tercera visión, probablemente, las escenas de llanto serían excesivas.

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