lunes, 31 de marzo de 2008

/ La guerra de los mundos / Braindead /

2005-08-28
Voy a improvisar un pensamiento, para ver si llego a algo.
Acabo de ver en mi computadora la película La guerra de los mundos. En realidad la abandoné antes del final, por aburrimiento. Cuando guardé el disco leí en la cajita que el director era Steven Spielberg. Creo que alguna vez lo supe, pero lo olvidé: vi la película sin recordarlo.
La película me pareció muy mala. Entonces pensé en el problema de la justificación de las valoraciones. ¿Cómo justificar mi dictamen? Lo más elemental sería enumerar los defectos de la obra (junto a las virtudes, para no caer en la hipérbole). Podría decir, por ejemplo, que el tema es estúpido: extraterrestres malvados con cabezas alargadas quieren dominar la Tierra; podría agregar que Tom Cruise es un actor mediocre; que la fotografía es convencional, cuando no efectista; que muchas situaciones son patéticas por lo malas y estereotipadas (Ray –Cruise– llamando al hijo o a la hija con una mano en alto y gesto de desesperación en medio de la catástrofe), la falta de contenido tapada por una avalancha de efectos especiales, y, para colmo, un estadounidismo insoportable: el Imperio, atacado, se defiende y defiende a la humanidad entera; nosotros, agradecidos, debemos apoyarlo; las banderas flamean. Del otro lado: me pareció buena la actuación de la nenita; me gustó una escena en que se baja la barrera de un paso a nivel para que cruce un inesperado tren en llamas, casi fantasmal. ¿Qué más? El ritmo, quizá. El resto es comida chatarra, fast food.
Ahora bien: esas razones ¿son razones? Para mí, sí. ¿Y para los millones que admiraron ese moco? Evidentemente, no. Algo que podría parecer extraño es que la película Braindead, de Peter Jackson, me gustó. No estoy comparando La guerra de los mundos con Invasión de Hugo Santiago, lo cual, para mí, es casi demasiado obvio (Invasión es una obra de arte) sino con Braindead, o sea, con una película no artística, no poética, no filosófica. Aunque parezca insólito, Braindead es una película más inteligente y creativa que La guerra de los mundos.
El problema, sin embargo, persiste: ¿cómo justificar una valoración? El problema fue tratado, sin éxito, por Kant.

[El texto quedó inconcluso. La idea era que, para justificar un juicio de valor, nos basamos en otro juicio de valor.]

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