lunes, 31 de marzo de 2008

/ Las crónicas de Narnia /

2006-02-01
Hoy vi Las crónicas de Narnia, de Walt Disney. En general me pareció una tontería. La película tiene tres partes. En la primera parte unos chicos, mientras juegan en una casa, descubren un ropero mágico: ingresar en él es ingresar en un país maravilloso. Hasta ahí la película es muy agradable, sobre todo por la chica más chica, que es una actriz excelente. Pero comienza la segunda parte: el lugar se llama Narnia y está sometido por una bruja mala. Y hay que luchar contra la bruja mala. Ese argumento, literalmente, es pueril. Pero además es moralista, y algo huele mal. No hay un límite preciso donde comienza la tercera parte; quizá estamos en ella cuando los personajes empiezan a hablar de Aslan. Lo voy a decir: la primera parte de la historia es fantástica; la segunda es moralista; la tercera es religiosa. Y ya la película no tiene salvación. Aslan es un león que habla y es el rey de los buenos. Después de mucho tiempo ha regresado para salvar a Narnia. Y comienza la lucha contra el Mal, o sea, contra la bruja y sus monstruos. Para salvar a Narnia, el león se sacrifica: aunque tiene un gran poder, se deja matar por la bruja. Es velado por dos niñas hasta que resucita. Derrota a la bruja, con un soplo resucita a los muertos y, cuando los virtuosos y valientes niños son coronados, él se aleja. Y un devoto de Aslan profetiza: “Un día regresará.” Finalmente los chicos vuelven al ropero, ya listos para ir a misa.
Y vuelve la pregunta: ¿en qué me baso para la interpretación? Tan sólo en la coherencia. Lo puedo repetir de este modo: interpretar una obra es una actividad creativa de la inteligencia, que elabora la interpretación a modo de hipótesis. Dada una interpretación i de una obra o, el único modo de juzgar el valor de i (o sea, el carácter “razonable” de i) consiste en cotejar su coherencia con o: con la totalidad y con sus partes.
Si en la mitología cristiana llega un bueno que luchará contra el mal para salvar el mundo y en la mitología de Narnia llega un bueno que luchará contra el mal para salvar a Narnia, hay una semejanza. Si en la mitología cristiana el salvador es poderoso pero se deja matar para cumplir su misión y en la mitología de Narnia el salvador es poderoso pero se deja matar para cumplir su misión, hay otra semejanza. Si en la mitología cristiana el salvador sacrificado resucita y supuestamente salva el mundo y en la mitología de Narnia el salvador sacrificado resucita y salva a Narnia, hay otra semejanza. Si a esto se agrega que: 1. los niños son llamados “hijos de Adán” e “hijos de Eva”; 2. los habitantes de Narnia quieren festejar la Navidad (pero no pueden hacerlo desde que reina el Mal, o sea, la bruja); 3. en el medio de Narnia aparece Papá Noel (que originariamente era un obispo cristiano)… entonces no quedan demasiadas dudas. Sentirse manipulado o engañado no es agradable, y yo siento que Lewis me está tratando de inculcar su evangelio de contrabando, cambiándome los nombres de los personajes para que no me dé cuenta.
La película no dice cómo fue el pasado de Aslan. Pero no cabe duda: lo parió una leona virgen.

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