lunes, 31 de marzo de 2008

/ Little children /

2007-02-05
Hoy vi en el cine Little children. Es una de esas buenas películas que van directo al montón de las buenas películas olvidadas. O sea, estoy prediciendo que será olvidada sin demora. Me gustó, pero no tanto como para que se destaque en la bruma de mis recuerdos. Si ahora no anotara esto, la semana que viene sería completamente incapaz de hacerlo. La película es extraña. Parece realizada por psicólogos. El tema, creo, es psico-social, si se puede aceptar eso. Hay anécdotas, pero no importan mucho: una mujer infelizmente casada se enamora de un hombre más o menos felizmente casado y al final quieren escapar juntos a algún lugar y no lo hacen; un pedófilo vive con su madre, que fallece, y él sufre y se autoemascula; un ex policía acosa al pedófilo pero es quien provoca la muerte de la madre y se arrepiente. Y la película termina. Los hechos narrados no son memorables, a diferencia –por ejemplo– de lo que sucede en Invasión de Hugo Santiago o en Heavenly creatures de Peter Jackson. Sin embargo lo que importa es el doble retrato de los personajes, por un lado, y del entorno social, por otro. La mujer infelizmente casada es actuada por la magnífica Kate Winslet, que cada vez me gusta tanto como siempre. La única película en que no me entusiasmó fue Titanic, enormidad que es un lugar vacío en mi memoria valorativa. Quizá el único papel sobresaliente que le ha tocado es el de Juliet Hulme. Pero mi Kate no es sólo una mujer hermosa –la más hermosa del cine de los noventa y dos mil– sino una actriz perfecta. Confieso que fui a ver la película por dos motivos: por la referencia a niñas y por Kate Winslet. Y acá está perfecta –y hermosa–: es una mujer apasionada, joven, egoísta y algo mediocre que codicia una vida más intensa que la que fácilmente sobrelleva en su mansión estadounidense. El amante es un inmaduro bueno y mediocre. El pedófilo es el personaje más abrumador: patético, desagradable, condenado. Me impresionaron las uñas comidas hasta la raíz. Es un dependiente de la madre, que, al morir, le deja una carta: “Sé bueno.” Eso es lo más terrible de la película: una condena kafkiana. La única persona a la que él quiere le pide que haga lo que él nunca podrá hacer: ser bueno. Creo que esa condena y Winslet valen la película. Que es rara también por la voz en off que va narrando todo, pero que, insólitamente, emite opinión: y nos alecciona. ¡Una película didáctica! Me desconcertó.

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