lunes, 31 de marzo de 2008

/ Little Miss Sunshine / Volver /

2007-02-25
Últimamente hice varias anotaciones sobre películas. Voy a hacer otra. Hoy vi dos películas en el cine-teatro Córdoba: Pequeña Miss Sunshine (EEUU, 2006, de Jonathan Dayton y Valerie Faris) y Volver (España, 2006, de Pedro Almodóvar). Ninguna de las dos fue hecha para ser juzgada en comparación con la otra, pero yo, por el azar de la programación de un cine, las voy a juntar. Me gustaron las dos. No me impresionaron tanto como Fucking Åmål, Au revoir les enfants o La ciénaga, que están entre mis preferidas de todos los tiempos, pero me gustaron.
Pequeña Miss Sunshine me encantó desde la primera imagen: los anteojos de la chiquita que mira en el televisor un atroz concurso de belleza. Después me pareció que los personajes estaban delineados con trazos demasiado gruesos, hasta que entendí que ése es el estilo deliberado de la película: hipérbole y caricatura. Por momentos me parecía una película desprolija, pero el final es perfecto. De un modo que parece facilísimo, todo cierra a la perfección. Eso me gustó. La desprolijidad era aparente. O quizá no, pero está bien resuelta. La película es valorativa. Concretamente, propone rechazar ciertos valores compartidos por una buena parte de los “americanos” (fatua sinécdoque mediante la cual los estadounidenses emiten su opinión acerca de sí mismos). En cierto momento yo pensaba: “Los personajes son seis, y en la película los seis pesan lo mismo; ¿por qué el título se centra en uno de ellos solamente?” Pero al final queda claro: ese concurso de belleza para niñas es un símbolo, y, más precisamente, es el símbolo que justifica a la película. (Un mérito de los directores es que han sabido mostrar a esas niñas preciosas como entes verdaderamente horribles. Cuando una de las niñas hace acrobacias para agradar al público, la película llega a lo monstruoso.) De todos modos, Little Miss Sunshine es una película menor. Una muy buena película menor. Una de las causas de ese carácter menor, opino, es el tema: crítica social, y muy puntual.


Volver es una típica película Almodóvar, pero con ingredientes nuevos. Es un cuento de locura y de muerte. No hay nada grave: uno ya sabe que está mirando una variante curiosa de telenovela. (Todas las películas de Almodóvar son así.) Yo recuerdo que Mujeres al borde de un ataque de nervios o ¿Qué he hecho yo para merecer esto? no me gustaron. Y no creo que mi opinión sea diferente ahora. Pero Volver es buena. ¿Y el tema? Es como si hubiera dos capas. Por un lado, es una película sobre la muerte. En relación con ese tema, la película adopta un estilo de policial con algo de humor negro y thriller. La muerte está desde el principio (las mujeres que lavan tumbas en el cementerio) hasta el final (una muerta que ha vuelto a la vida y que cuida a una viva que va hacia la muerte). La segunda capa, el segundo tema, es el pasado. No el pasado histórico sino el pasado emocional. Y está claro que éste es el verdadero tema de la película. A él hace referencia el título. Ese trabajo a dos niveles me pareció francamente admirable. Es de una sutileza y una complejidad que pocos logran. Almodóvar, en general, no lo logra; Woody Allen, en muchos casos, tampoco. El problema de todas las películas de Almodóvar es la complicación argumental. Acá esa complicación funciona bien, pero tanto los personajes como las peripecias en que intervienen, a la larga, son perfectamente olvidables. No vale la pena recordar lo que les pasa, ni cómo se llaman. Eso, en realidad, ocurre también en muchas películas de Woody Allen. Recordar los pormenores argumentales de Maridos y esposas o de Melinda y Melinda –dos buenas películas– es una pérdida de tiempo. Las vicisitudes amorosas de A con B, de B con C, de C con A, de A con D… en el fondo son triviales. En ese sentido, Pequeña Miss Sunshine me parece más eficaz que todo Almodóvar: una niña feúcha va a un concurso de belleza acompañada por su familia, que es una colección de derrotados. Esa idea es clara y nítida. Resume todo el argumento. Es casi imposible resumir una película de Almodóvar de ese modo. Sin embargo, es probable que Volver sea mejor que Pequeña Miss Sunshine. Almodóvar viene para quedarse. Me parecería ridículo compararlo con un Bergman, pero ha logrado lo que pocos logran: un estilo inconfundible. La escena en que Penélope Cruz canta Volver posiblemente será recordada. Cuando muera Almodóvar, sus admiradores posiblemente la declaren antológica. El personaje es olvidable; la trama es olvidable; la escena, quizá, no lo es.

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