lunes, 31 de marzo de 2008

/ Lost in translation / María Antonieta /

2007-02-27
He decidido escribir comentarios de todas las películas que me interesen. Hoy vi María Antonieta de Sofía Coppola. Me generó un interés desvaído. Ya había visto Lost in translation, que me había producido un efecto parecido pero más cercano al bostezo. La película tenía virtudes pero era liviana, livianita… Era muy prolija (en el sentido argentino de la palabra), estaba bien filmada, con una irreprochable Scarlett Johansson, pero… (...) Era una película elegante, cool, sobre las cuitas sentimentales de una chica linda y rica. En Tokio, la chica linda y rica se siente sola, conoce a un señor madurito, se enamora, le cae una lágrima, adiós. Todo cool. Dicho con más precisión: me pareció que la película era superficial; no había fantasía, ni complejidad, ni creatividad. Pero estaba bien filmada y actuada. A primera vista, María Antonieta pertenece a un género completamente diferente: cine histórico. Sin embargo, me parece un error ubicar a María Antonieta en el estante de las películas típicas sobre reyes y revoluciones. Lost in translation y María Antonieta pertenecen al mismo género, son dos formas diferentes de decir lo mismo. Me da la impresión de que a Sofía Coppola no le interesa en absoluto la Historia. Le interesa la mujer María Antonieta, y, más aún, le interesa la mujer. María Antonieta es una película intimista. La economía y la política están luminosamente ausentes. Creo que en María Antonieta hay dos rasgos originales, que probablemente se pueden atribuir a Sofía Coppola. Uno es la música. Una película sobre la corte de los Luises con música de rock provocará rechazo en más de uno. El baile de las máscaras, en particular, me resultó chocante. Hasta ese momento las melodías del año 2000 aparecían como música incidental, o sea, no se sugería que ellos la estuvieran escuchando. En el baile de máscaras, en cambio, aparecen todos bailando un rock. Eso me deprime: es pueril. Entiendo que la música funciona como una metáfora. Se están sugiriendo un par de cosas: ellos se divertían como se divierten los jóvenes del año 2000; María Antonieta, que era adolescente o joven, sentía como sienten los adolescentes o jóvenes del año 2000. En ese intento de “traer” a María Antonieta al presente (al presente del año 2006, por lo menos) hay un problema: la descontextualización. En la película, quizá por el idioma (inglés del año 2000), quizá por la música, quizá por otras causas, María Antonieta parece una chica estadounidense del año 2000 transportada a otra época. Cuando ve el protocolo del palacio de Versalles dice “Esto es ridículo” (“This is ridiculous”), como si acabara de salir de un ascensor. El segundo rasgo original de la película es el punto de vista. En Solo contra todos de Noé uno entraba en la mente de un carnicero abominable y veía todo como él lo veía. En Io non ho paura de Salvatores uno veía un caso policial con los ojos de un chico. Sofía Coppola quiere representar la experiencia de María Antonieta, quiere ponerse en el lugar de ella y mostrar los hechos como ella los pudo haber experimentado. De ahí que el pueblo no aparezca nunca (excepto en el final), lo cual es un acierto. La descripción es clara: según la película, ella vivía en una burbuja rosada; no tenía la menor idea de lo que pasaba fuera del palacio. Desde luego, es difícil evaluar el carácter denotativo de esa representación; sin embargo, lo menos que puede decirse es que es original. ¿Puedo decir que María Antonieta es una película femenina? Según Virginia Woolf, las mujeres tienen sensibilidad y preferencias diferentes de las masculinas. (Una diferencia importante, pienso, es que las mujeres, habitualmente, no experimentan deseo erótico por las mujeres.) Si me hubieran dicho que María Antonieta era obra de un varón, probablemente yo lo hubiera creído; pero como sé que es obra de una mujer, relaciono ese dato con todo lo demás y llego a una conjetura que quizá no es trivial: en estas dos películas de Sofía Coppola el punto de vista es femenino y la sensibilidad es femenina. Me parece que no es trivial porque es como si alguien hablara de la clase a la que pertenece: un negro de los negros, un chino de los chinos, etc. Y una de las características de María Antonieta es que era una mujer, con todo lo que eso implicaba hacia 1780 en Francia: la casaron con un esperpento, la obligaron a embarazarse hasta parir un varón. Esos dos rasgos originales (la música y el punto de vista desde la mujer María Antonieta) hacen que la película sea original. Podemos decir que se trata de una obra de Sofía Coppola, es decir, de alguien con ideas y con una postura propia. Sin embargo… María Antonieta es light, adolescente, frívola. Está claro que Sofía Coppola domina los recursos del cine. El vestuario, la escenografía, los carruajes, todo eso es impecable. La decisión de adoptar el punto de vista de María Antonieta es quizá lo mejor de la película. Pero hay fallas, o faltan aciertos. Por ejemplo, no hay trama. La película es sólo descriptiva: cómo es el palacio, cómo es el protocolo, cómo visten a María Antonieta, cómo son los deliciosos pasteles que ella come, etc. No me produce empatía. No llego a sentir lo que ella sentía, porque en realidad veo menos a María Antonieta que a una chica estadounidense del año 2000. La música es una idea original pero desafortunada. Dentro de un tiempo esa música del año 2000 va a ser más vieja que la música del siglo 18. Sofía Coppola habrá pensado: “Voy a hacer un retrato de María Antonieta acentuando las semejanzas con las chicas de hoy”; salvo que ese “hoy” es efímero: es el hoy de 2006, que para el futuro será pretérito. Una última cosa. Con voluntad, la película puede ser un símbolo universal: tener y perder.

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