lunes, 31 de marzo de 2008

Lukas Moodysson

2008-03-30
Ayer o anteayer estuve leyendo en Internet sobre Lukas Moodysson. Por un lado, me enteré de que es un hombre declaradamente cristiano. Eso en arte no es necesariamente malo ni bueno. En Lilja 4-ever, el dato explicaría la aparición de Volodia-ángel: yo pensé en diferentes posibilidades de interpretación de ese hecho, pero en ningún momento se me ocurrió pensar que Volodia-ángel era un ángel… O sea, descarté de plano lo más obvio, porque no soy cristiano. Para mí los ángeles, cualquiera sea su aspecto o falta de aspecto, son inventos de la fantasía, y su incorporación en una película exige alguna justificación extra. Para un cristiano, en cambio, los ángeles existen… En ese caso, la sucesión de imágenes que denomino “Volodia-ángel” es una representación de algo probablemente no visible pero existente: un ángel. Si es así, Lukas Moodysson utiliza el mismo recurso representativo de la pintura renacentista o medieval, y a partir de una creencia similar. Lo cual es un indicio más de la ingenuidad de Moodysson. Una sana ingenuidad.
Bueno, eso por un lado. Por otro, me enteré de que Moodysson, después de Lilja 4-ever, filmó dos experimentos –A hole in my heart y Container– que han recibido valoraciones muy negativas de casi todos: espectadores críticos y espectadores no críticos. A este Moodysson se lo ha descrito como pretensioso, chocante, aburrido, confuso, vacío… No me extrañaría que una combinación de vanidad y religión produjera obras insoportables. (Lo de “vanidad” lo digo porque ningún cineasta puede ser inmune a los elogios de Ingmar Bergman.) Por otro lado, cambiar de estilo drásticamente , en cine, debería conllevar un cambio de público, lo cual es improbable que suceda. El público de los museos de arte contemporáneo va dispuesto a encontrar –y valorar– obras extrañas y difíciles, que pueden apelar al fastidio o al absurdo. (...) El público de cine, en cambio, espera narración y disfrute, o bien narración y sentimientos. (...)
Lo tercero que descubrí fue que Lilja 4-ever está basada en la historia real de una adolescente llamada Dangoule Rasalaite. Eso aumenta el carácter denotativo de la película, pero la denotación de un hecho puntual es independiente de la verosimilitud. (Siempre utilizo “denotación” en el sentido lógico-semántico, no en el sentido semio-lingüístico.) Lilja 4-ever me resultó poderosamente verosímil incluso cuando yo ignoraba la relación con Dangoule Rasalaite. Esa verosimilitud, arriesgo, consiste en una probable denotación genérica, no individual. O sea, yo conjeturé que la película representaba una clase entera de hechos reales.


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