lunes, 31 de marzo de 2008

/ Ma vie en rose /

2008-03-17
Ayer, en mi computadora, vi Ma vie en rose, de Alain Berliner. Como no la pude encontrar en ningún comercio, la bajé de Internet (con subtítulos en castellano). Durante nueve años, desde que la vi por primera y segunda vez, la mantuve en mi memoria como algo entrañable. Mientras tanto, la buscaba en los comercios. Ahora, en febrero, descubrí los archivos torrent y empecé a ponerme al día con mis deseos postergados. Me gustaría tener también Pretty baby de Louis Malle y Burnt by the sun de Nikita Mikhalkov. Y Constans, de Zanussi. Y el Hamlet de Kosintzev. Y a lo mejor, también, Crimes and misdemeanours. O sea, las películas que me han gustado verdaderamente. Bueno, en realidad no sé cuál es el criterio. Sé que son ésas las películas que prefiero tener, pero no sé muy bien por qué. Recuerdo que algunas de Bergman me parecieron excelentes y las volvería a ver (Luz de invierno, La fuente de la doncella, Un verano con Mónica), pero no las incluiría en mi lista de prioridades. Lo mismo diría de Greenaway, de Kurosawa, de Fellini, de Hitchcock, de Wajda, de Einsenstein… Incluso de Chaplin. ¿Por qué anteponer Mi vida en rosa a Kurosawa? Las preferencias personales son bastante misteriosas. Me resulta incomprensible, por ejemplo, la devoción que recibe Godard. Para mí, Louis Malle, Claude Chabrol o Les quatre cent coups son superiores a los aburridos y pretensiosos experimentos de Godard. Sin embargo, tampoco sé qué significan esas valoraciones cuando íntimamente priorizo Ma vie en rose a Citizen Kane. Me acuerdo ahora de un librito de Beardsley y Hospers: Estética, historia y fundamentos. Ahí dice Hospers que la “actitud estética” debe diferenciarse de la “actitud ética”, de la “actitud cognoscitiva” y de la “actitud personalizada”. Esta última se da cuando valoramos algo por motivos personales que no tienen nada que ver con lo estético: por ejemplo, adoro cierto libro porque era de mi abuelita. De ahí se podría pasar a la siguiente prescripción: ante una obra de arte hay que tener una actitud estética y no personalizada, moral, etc. Eso me parece inaceptable. Los motivos son dos, creo. El primero es similar al argumento de Arthur Danto con respecto a la belleza: lo moral, digamos, forma parte del contenido de ciertas obras; por lo tanto, esas obras piden una actitud moral. Por ejemplo, ante obras de León Ferrari que denuncian los pecados de la Iglesia católica, es absurdo sostener una actitud valorativamente neutra con respecto a lo moral. El segundo motivo se refiere a nuestros conocimientos o, mejor, a nuestra falta de conocimientos. ¿Cómo distinguir una “actitud personalizada” de otra que no lo es? Si valoramos una película que defiende una ética de tolerancia religiosa, ¿eso no es una actitud personalizada? Torquemada tendría una opinión diferente de esa película. O sea, valoro la película porque defiende lo que yo defiendo. Los nacionalistas y localistas, igualmente, suelen valorar películas que retratan o defienden “nuestra realidad”, o sea, la de ellos. ¿Eso no es una actitud personalizada? Yo no sé por qué, íntimamente, me atrae Ma vie en rose. He pensado que tengo alguna inclinación homosexual, y por eso (suponiendo que fuera cierto) valoro también películas como Fucking Åmål o Heavenly creatures. Pero esa explicación no explica nada. Hay películas gay que me parecen abominables. Por otro lado, soy bastante pedófilo y ninguna de las dos Lolita del cine me entusiasma demasiado. (En realidad, abandoné también el libro –o el libro me abandonó– cuando iba por la mitad.) Incluso opino que Ma vie en rose no es una gran película. ¿Entonces por qué me atrae? Sinceramente, no sé. Puedo intentar algunas respuestas. Pero sospecho que no son hipótesis causales sino “razones”, con todo lo vago y débil que tiene ese concepto. (Casi cualquier cosa puede ser una “razón para actuar” o una “razón para preferir”: prefiero a Katja porque es rubia, prefiero a Svétlana porque no es rubia…) Creo que Georges du Fresne es un acierto. Otro chico podría haber arruinado completamente la película. Y en ese papel es perfecto. La mirada y la sonrisa de Ludovic Fabre son encantadoras. Ludovic es encantador. Los demás personajes no lo son: todos me resultan antipáticos. Creo que si recuerdo tanto esa película es por Ludovic. Me entran ganas de abrazarlo y de quererlo. Con respecto a la película, yo diría que es sencilla y pequeña. El director no aspira a componer una obra maestra (a diferencia de Greenaway o Bergman), pero toma algunas decisiones “formales” muy acertadas: sobre todo la estética de las muñecas. La narración es lineal y simple, con algunos pasajes menos creíbles que otros. A mí me parece que el argumento general es un poco forzado. Como la mayoría de las narraciones, consiste en el planteo y desarrollo de un conflicto. Ludovic, de siete años, está seguro de que algún día va a convertirse en niña, y ese delicado anhelo, sin querer, desencadena consecuencias catastróficas: la escuela lo echa, el padre se queda sin trabajo, la familia se resquebraja y debe confrontar con todos los vecinos y cae en la pobreza y tiene que huir a otro barrio. A mí, modestamente, me parece que esa catarata de consecuencias nefastas es un poco exagerada. El problema, desde luego, no está en Ludovic sino en el entorno, que no acepta las inclinaciones de Ludovic. Pero la película no está ambientada en el siglo 18, digamos, donde tales acontecimientos serían verosímiles, sino a fines del 20. ¿O será que en estos primeros diez o doce años de la Internet masiva las cosas han cambiado tanto que ya no recuerdo cómo era la realidad de los noventa? La otra posibilidad (la más plausible) es que la película necesitaba un conflicto. Si todos aceptaban a Ludovic, no había película. Ahora bien, según eso, podría pensarse que el valor de la película reside, por un lado, en la descripción antropológica y, por otro, en el alegato a favor de la tolerancia sexual. Yo no comparto esas ideas, sobre todo la segunda. Valorar una película como alegato me resulta tedioso y deprimente. Ni siquiera me dan ganas de escribir un alegato en contra de los alegatos. Eso, desde luego, es independiente de mi opinión acerca de los hechos apoyados o combatidos por los autores de cada alegato. A mí, por ejemplo, me impresiona (lo digo con tono de valoración positiva) la escena de Ludovic en el congelador. Un detalle que me interesa es el hecho de que la película se centra en el chico pero en realidad está filmada desde el punto de vista de los adultos, a diferencia de Io non ho paura. Solamente los pasajes fantásticos parecen representar la mirada del chico. El resto se muestra desde fuera de Ludovic. Por último, hay algo que para mí es notable. Cada año se producen millares de películas en el mundo; es imposible recordarlas a todas, pero Ma vie en rose, al menos para mí, se destaca en esa lista con una claridad asombrosa. Supongo que los motivos son dos: el tema (no recuerdo otra película sobre un niño homosexual) y el maravilloso personaje principal (Ludovic). Con la misma nitidez, en la muchedumbre de los personajes imaginados por el cine se destaca Ludovic.

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Nota anterior sobre Ma vie en rose (1999-01-29)

Imdb
Ma vie en rose / Mi vida en rosa / My life in pink / La mia vita in rosa / Minha vida em cor-de-rosa / Mein Leben im Rosarot
1997
Alain Berliner
Georges du Fresne

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