lunes, 31 de marzo de 2008

/ Películas de Lukas Moodysson /

2008-02-21
God. Ya son las cinco y media. Me estoy tratando de dormir y no puedo. En la oscuridad me acordaba de las películas de Moodysson que he visto: Fucking Åmål, Till sammans y Lilja 4-ever. Más allá de la variedad de temas, yo veo una identidad común en las tres. No sé si decir “estilo”, porque eso sugiere una limitación a lo formal o a lo retórico, y en Moodysson la unidad es de otra clase. Lo que veo en Lukas Moodysson es una honestidad casi ingenua. Lo que se le puede reprochar es esa ingenuidad: utilizar, por momentos, un lenguaje demasiado directo para decir cosas que, por otro lado, son irreprochables. ¿Eso es un pecado? Es como la inocencia de Fra Angelico. Es muy raro. Yo no recuerdo ningún otro director con esa transparencia, con esa fe en que los recursos más sencillos pueden ser eficaces. Algo así como la antítesis de Greenaway. Es como si Lukas Moodysson estuviera libre de esos escrúpulos y temores que a los otros directores “no comerciales” los llevan a crear obras que parezcan ingeniosas, eruditas y profundas. Moodysson no necesita rendir examen de conocimientos o habilidades. No le interesa el “metacine” (cine sobre el cine, o sea, cine para críticos de cine), no le interesan los artificios rebuscados, no hace alarde, tampoco se vende, y sus películas (además) son muy buenas. La principal virtud del cine de Moodysson es moral. La sinceridad. Lukas Moodysson no me miente. No lo conozco, pero está claro que es una buena persona.

No hay comentarios: