lunes, 31 de marzo de 2008

/ Pretty baby / Lolita /

1999-09-22
No pude ver Kolya de Jan Sverak. Al lado de mi butaca se sentó una chica que durante la proyección comenzó a tener frío. Yo le di mi campera. Ese hecho bastó para impedirme ver la película.
Pretty baby de Louis Malle está cubierta por un velo de inverosimilitud. La película es estéticamente exquisita, pero no conmueve mucho. Transcurre 1917. Violet, una preciosa chica de 12 años, hija de una prostituta, ha vivido siempre en un burdel de New Orleáns. Se inicia con naturalidad en el oficio, porque es el único mundo que conoce. Un día la castigan. Su madre ha viajado. La chica se va a vivir con un fotógrafo que solía retratar prostitutas en el burdel. Conviven un tiempo. El fotógrafo la quiere, pero luego de una discusión la chica lo deja. Ante la presión de los puritanos, el burdel ha tenido que cerrar. El fotógrafo busca a Violet y la desposa. La madre vuelve, ya casada y con el propósito de llevarse a la pretty baby. El fotógrafo debe acceder, porque el matrimonio de la niña carecía de validez legal. Fin. La película no es una metáfora sociológica o histórica. Es un fragmento de la biografía de una niña. No llega a ser una historia de amor. Cuando el fotógrafo dice: “No puedo vivir sin ella”, el espectador, algo desconcertado, se pregunta: “¿Por qué no?” Las imágenes son excelentes y también lo son las actuaciones –la señora Livingstone [madame Nell] es inolvidable– pero la narración falla. Y Brooke Shields... ella es casi toda la película.

Nota posterior sobre Pretty baby


La Lolita de Adrian Lyne es una película idiota. Es american, en el más deplorable sentido de la palabra: comercial, estereotipada, efectista, frívola, etc. Una niña que tenía que ser perturbadora queda convertida en una boba. (…)

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