lunes, 31 de marzo de 2008

/ Un tranvía llamado Deseo / Annie Hall /


2008-03-07
Son las ocho y media de la tarde. En el Cineclub Municipal, a las tres y media de la tarde, vi Un tranvía llamado Deseo, de Elia Kazán, y, a las seis y pico, Annie Hall, de Woody Allen. Las voy a comentar juntas, por el azar de la programación.
La película de Elia Kazán me despertó un profundo sentimiento de admiración. Es excelente. Lo primero: el guión es excelente. La película le debe mucho a Tennessee Williams. Pero no todo: la fotografía, la iluminación y la actuación de Brando son también excelentes. Vivien Leigh es la menos “transparente”: la más teatral, digamos. El guión (el argumento de la obra teatral) es de una fuerza dramática que en el cine rara vez he visto. Al final esa fuerza disminuye, quizá porque la locura de Blanche se torna ligeramente inverosímil, pero la estructura lo exige. Hay algo que me extrañó. Me parece que en Un tranvía llamado Deseo la mirada es femenina, como en las películas de Sofía Coppola o de Lucrecia Martel. Supongo que la causa puede estar en la homosexualidad de Tennessee Williams. ¿Cuál es el tema? Secundariamente, la locura. Primariamente, el deseo. Se sugiere que el deseo puede llevar a la locura. Pero también al deterioro de las relaciones y al caos. Es como si los protagonistas vivieran un conflicto de valoraciones referidas al deseo: lo alto y lo bajo, lo bueno y lo malo, pero con un sentido inauténtico en Blanche y auténtico en Stella. Blanche repite los estereotipos tradicionales en contra del deseo y del cuerpo y a favor de la cultura y del espíritu, pero vive en conflicto con esa valoración. Su hermana Stella, en cambio, disfruta libremente con su macho, hasta que procrea: y entiende que esa vida no será buena para su hijo. El centro de todo es la valoración del sexo. Bueno, en líneas generales, Un tranvía llamado Deseo me pareció una pequeña obra maestra.

Imdb
A streetcar named Desire / Un tranvía llamado Deseo / Un tramway nommé Désir / Un tram que si chiama Desiderio / Uma rua chamada Pecado / Um eléctrico chamado Desejo / Endstation Sehnsucht
1951
Elia Kazan
Marlon Brando, Kim Hunter, Vivien Leigh

Allá lejos, hace casi veinte años, vi Annie Hall por la tele. Recuerdo vagamente que me gustó mucho. Yo tenía dieciocho. Unos años más tarde la vi de nuevo. Y nunca más. Verla ahora es volver a mi pasado. Y a mi futuro: el futuro que yo creía tener en aquel pasado. Yo quería ser un personaje de Woody Allen: intelectual, irónico, brillante. ¿Para qué? Vanidad. Sólo vanidad. Yo quería ser admirado como eran admirados los personajes de Woody Allen. Lo voy a decir con otra palabra: esnobismo. Me siento como si hubiera tenido una novia y ahora no me quedara más remedio que aceptar la verdad: ella no era tan valiosa como yo quería que fuera. O sea, critico la película de Woody con algo de pena. Yo la quería mucho a esa película. Es muy buena, desde luego. Una de las mejores de Woody. (Mi memoria no es confiable, pero recuerdo que Crímenes y pecados –que pude ver una sola vez– y Match point fueron las mejores.) (…) ¿Qué es el esnobismo? El esnob sabe que una persona intelectual, irónica y brillante recibe una valoración que el esnob codicia; entonces trabaja para merecer esos predicados: lee ciertos libros, mira ciertas películas, habla de cierto modo, se mezcla con cierta gente… y de un modo sutil y trémulo se ostenta. Porque el esnob, en el fondo, es temeroso. Teme que las personas a las que él valora no lo valoren. En el Cortázar de Rayuela, en Godard y sobre todo en Woody Allen, el esnobismo es patente. Annie Hall me gusta mucho, pero es una larga ostentación esnob. En todas las escenas, incluyendo las más íntimas, los personajes están pendientes de nosotros: del público. Actúan para nosotros, pero en un sentido que no es el de las demás películas. Todo es un juego de valoraciones recíprocas, una suerte de fatuidad compartida: Woody nos hace chistes cultos y valorativos, y entenderlos y aprobarlos es la llave para entrar en esa minoría privilegiada de "intelectuales". Nos sentimos gratamente cómplices y, por qué no, superiores al resto. Lo valioso: arte, cine, literatura, psicoanálisis, filosofía, libertad sexual, ironía. Lo no valioso: la ignorancia, la superficialidad. O sea: intelectual versus no intelectual. Más allá de eso, la película es muy buena. Es descriptiva; no tiene argumento. (Tiene, pero es insignificante.) Estructuralmente es muy libre; admite adiciones o supresiones. Se sostiene en los diálogos, casi ininterrumpidos y muy veloces. Y en el humor, desde luego: la película es una acumulación de chistes encima de un hilo argumental mínimo (pero muy eficaz). El único fragmento estructural es el final, que repite escenas de toda la película y una canción que evoca el pasado. Es una conclusión impecable.

Imdb
Annie Hall / Dos extraños amantes / Io & Annie / Noivo neurótico, noiva nervosa / Der Stadtneurotiker
1977
Woody Allen
Woody Allen, Diane Keaton

Un tranvía llamado Deseo y Annie Hall son películas incompatibles. Emocionalmente, incluso: una es torturada y oscura; la otra es ligera, fresca, light. Muy en el fondo, pero muy en el fondo, hay una semejanza. En la primera el tema es: yo y mi deseo sexual. En la segunda el tema es: yo y mi deseo de valoración. (Se dirá que Woody no quería hablar de eso; se dirá que Annie Hall es un retrato de Manhattan, y que Woody aspiraba conscientemente a dejar su nombre ligado al de Manhattan. Es cierto; pero el otro tema, creo, es el principal.)

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