lunes, 31 de marzo de 2008

/ XXY /

2007-09-29
Vi XXY de Lucía Puenzo. No es mala (a diferencia de Geminis) pero tampoco muy buena (a diferencia de La niña santa). No hace falta narrar los pormenores argumentales: la película habla de un adolescente hermafrodita. El chico (o chica), por supuesto, sufre, pero no por su cuerpo sino por los demás: porque lo consideran monstruoso, porque lo discriminan, porque lo humillan. Hay un varón homosexual que se enamora de él y que comparte humillaciones parecidas. El tema no es común y la trama no está mal, pero tampoco muy bien. Es algo así como una ilustración de lo que puede leerse en un manual sobre personas hermafroditas. Con respecto a ese raro tema, lo mejor posiblemente es una frase de Alex, el hermafrodita: cuando el padre le dice que conviene esperar hasta que él/ella pueda decidir, él/ella le responde: “¿Y si no hay nada que decidir?” Esa pregunta es una afirmación y parece un acierto didáctico de la película. Sin embargo, opino cautelosamente que para opinar sobre ese tema habría que ser un especialista. Por otra parte, en la película hay algo de forzado, algo de “antinatural”, sobre todo en los diálogos, que suelen ser poco creíbles. De hecho, me sentí incómodo en la butaca desde el comienzo hasta el final. Me parece que con XXY va a suceder lo mismo que con Geminis: de ser recordada lo será por su tema, no por su valor cinematográfico. XXY, sin embargo, es muy superior a Géminis. Pero no termina de levantar vuelo. No es mucho más que una ilustración didáctica (y, derivadamente, un alegato). Está muy lejos de La niña santa o de El hombre del bosque, a pesar de los bellos paisajes, de las buenas intenciones, del arriesgado tema y de los ojos de Alex.

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