lunes, 31 de marzo de 2008

/ Zoo. A zed and two noughts /

2008-03-08
Acabo de ver A zed and two nougths en mi computadora. No tenía subtítulos. Entendí bastante poco de los diálogos, pero ya había visto la película varias veces a principios de los noventa. Me parece, como antes, que Greenaway es un artista único, solitario. Cada película suya es un clásico. Supongo que es inimitable, como Borges. Seguramente la comparación es excesiva: Borges es perfecto; Greenaway merece objeciones. Sin ninguna duda, es el más borgeano de los directores. Pero la semejanza se da con el Borges más artificioso: con el de Abenjacán el Bojarí, La lotería en Babilonia, El zahir o La busca de Averroes; no con el Borges de La intrusa.
Ahora bien, Greenaway tiene características que no están ni siquiera en Borges. Yo diría que Greenaway construye cada una de sus películas a partir de una constelación de conceptos y nombres. En Zoo, el centro de la red son los conceptos “vida” y “muerte”. Pero hay otros: “simetría”, “orden”, “serie”, “ley”, “accidente”, “ciencia”, “nacimiento”, “evolución”, “sexo”, “descomposición”, “natural”, “artificial”, “arte”. Todos ellos, que son abstractos, se vinculan a su vez con otros nombres y conceptos que admiten una presentación visual: “Vermeer”, “blanco y negro”, “cebra”, “tigre”, “rayas”, “rejas”. Creo que ése es el repertorio de conceptos con los que Greenaway construye Zoo. (Puede haber otros: quizá “libertad”, quizá “técnica”, quizá “falsificación” –en sentido artístico–.) O sea, Greenaway no parte del argumento ni tampoco de los personajes. Greenaway parte de conceptos. Por ese modo de trabajar, no tiene semejanza con nadie. Salvo, quizá, con Mahler o con Borges… pero ninguno de los dos lleva el método al extremo de Greenaway. Dicen que Greenaway es barroco. Es verdad pero, sin aclaraciones o agregados, esa descripción no dice nada, o casi nada. Góngora es barroco pero no tiene otra semejanza con Greenaway que la dificultad o complicación, lo cual es casi trivial. Para mí, lo principal en Greenaway es el hecho de que las películas surgen a partir de redes de conceptos y de nombres, no de argumentos ni de personajes.
Ahora bien, ¿qué se propone Greenaway? Y también: ¿qué logra? Está claro que no persigue –ni logra- la emoción trágica, ni la felicidad, ni la tristeza. Parece que a Greenaway, al menos en primer lugar, le interesan dos cosas: el placer estético y la complejidad semiótica. En segundo lugar, le interesa producir –y obtener– admiración. Que las obras maravillen, digamos, y que el autor coseche elogios. En arte el orgullo no es pecado. Me interesa más lo otro: el placer estético y la complejidad se­miótica. Greenaway tiene un sentido plástico exquisito, pero lo que más le importa, adivino, es la complejidad semiótica. Todos los procedimientos de la retórica cinematográfica aparecen en cada una de sus películas, y siempre en función de una densa complejidad semiótica. Creo que en ese sentido Greenaway es barroco. Yo diría que en Góngora hay una gran riqueza de medios y una gran pobreza de contenido. En Greenaway, en cambio, hay una gran complejidad de medios y una gran complejidad de contenido. ¿Cuál es el objetivo? ¿Demostrar algo? ¿Sostener alguna tesis? Me parece que no. Greenaway no dice nada que no supiéramos sobre la vida o la muerte. Yo creo que se limita a jugar con los símbolos, con las imágenes, con los conocimientos. Zoo es un largo juego semiótico y estético, una suerte de broma o ironía sobre la vida, la descomposición y la muerte. Y sobre el arte: el arte como lo artificial, lo antinatural. Creo que es eso. Hay películas que son trágicas, nostálgicas o heroicas. Zoo es una broma inteligente y espléndida.

Imbd
A zed and two noughts / Zoo / Una zeta y dos ceros / Lo zoo di Venere / Um Z e dois zeros / Ein Z und zwei Nullen
1986
Peter Greenaway
Brian Deacon, Eric Deacon

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