sábado, 19 de abril de 2008

/ Las maletas de Tulse Luper - 1. La historia de Moab /

2008-04-19
Greenaway es desconocido en el mercado cordobés. La versión que pude hallar de Tulse Luper 1 (La historia de Moab) está doblada a un español españolísimo que me resulta más extraño que el inglés.
Lo primero que se me ocurre: espléndido. La película es un catálogo de las obsesiones de Peter Greenaway. Pero un catálogo prodigioso, deslumbrante, espléndido. Las partes 2 y 3 no han de ser muy diferentes. Parece que Tulse Luper es la culminación de la obra cinematográfica de Greenaway. Algo así como la película total, que incluye a todas las demás. Y no sólo película: una megalómana Obra Total. Y también una apoteosis del propio Greenaway… Porque es inevitable pensar que este excéntrico Luper es una representación más o menos denotativa de Greenaway: todo es una especie de autobiografía. Pero Greenaway es exactamente lo contrario de un ingenuo. ¿Cómo se dice? ¿Advertido? ¿Astuto? ¿Desconfiado? ¿Inteligente? El hecho es que una de las obsesiones de Greenaway es el problema filosófico de la representación. Nos induce a desconfiar de toda representación, incluyendo las de Greenaway. Hace lo que hacía Borges: habla de sí mismo entretejiendo la verdad con la ficción. Pero el viejo Borges desconfiaba de la ostentación retórica y el barroquismo:

Laberintos, retruécanos, emblemas,
Helada y laboriosa nadería,
Fue para este jesuita la poesía,
Reducida por él a estratagemas.

No hubo música en su alma; sólo un vano
Herbario de metáforas y argucias
Y la veneración de las astucias
Y el desdén de lo humano y sobrehumano.

Greenaway, creo, no comparte esos pecados de Gracián. Es indudablemente un virtuoso y no hace nada para ocultarlo; al contrario, cada fragmento de obra suya es un alarde. Muchos, por eso, lo detestan. Lo que yo veo en Tulse Luper es una imaginación y una lucidez prodigiosas. Sigo opinando que la finalidad es el deleite: disfrutar mirando y pensando y admirando. Greenaway ostenta virtuosismo pero además, creo yo, deja entrever pasión. No pasión por una causa política, no pasión por lo humano y sobrehumano, sino pasión por su lista de obsesiones: los problemas teóricos, la riqueza estética, el sexo, los juegos, la simetría, las colecciones, el arte, lo bizarro. Yo veo una pasión desbordante por esas cosas. No hay una “helada y laboriosa nadería”. Desde luego, para disfrutar con Greenaway hace falta compartir sus preferencias. En la lista que mencioné recién, a mí me gusta todo… Hay un orbe Greenaway. Es abundante, desbordante, pero también solitario. En la constelación cinematográfica, Greenaway está completamente solo. Es un marginal.

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