domingo, 8 de junio de 2008

/ Pretty baby /

2008-06-07
Pretty baby es una película espléndida. Sigo pensando que tiene fallas, pero eso no le impide ser un clásico.
A un prostíbulo de New Orleans, en 1917, llega el fotógrafo Bellocq. Se enamora de Violet, una prostituta de 12 años que ha vivido siempre allí. El prostíbulo es clausurado y Bellocq se casa con la niña. El matrimonio, sin embargo, carece de validez, y Violet es llevada a un nuevo hogar por su madre, que anhela una vida mejor.
Yo veo dos clases de problemas: de personajes y de argumento.
En Pretty baby los personajes principales son, en este orden: Violet, la niña prostituta, Bellocq, el fotógrafo, y Hattie, la madre de la niña. Se pueden agregar Madame Bell, la dueña del prostíbulo, y el pianista negro. El retrato de esos personajes es notable. Yo destaco dos: la pretty baby, maravillosa, y Madame Bell, patética. En el fotógrafo, en cambio, veo problemas. Ese personaje no está bien definido. No se sabe lo que busca ni lo que siente. ¿Es un artista? ¿Un pornógrafo? ¿Un hombre bueno? ¿Un delincuente? ¿Un parafílico? ¿Un rebelde? ¿Un tímido? En general, hacia Violet se muestra distante y frío, pero de golpe, con la misma indiferencia, le propone matrimonio. Y cuando se separan, afirma: “No puedo vivir sin ella.” La película no me da razones para creer que él no puede vivir sin ella. Además, un fotógrafo joven y soltero empieza a convivir en su propia casa (y en su propia cama) con una niña analfabeta y hermosísima de 12 años, que pertenece a otra familia y que se dedica a la prostitución, pero él sigue preocupado por las fotos y la luz, como si en su vida no hubiera ocurrido ningún cambio notable.
La otra falla, si es que hay alguna falla, está en la estructura argumental. ¿Qué se propone Pretty baby? ¿Qué es? Al comienzo (la primera mitad, digamos), la película es puramente descriptiva: un retrato de un burdel de New Orleans en 1917. Hasta ahí, la niña bonita es apenas una parte de ese mundo. Lo que importa es el retrato de ese mundo. Hacia la mitad de la película aparece algo nuevo: una relación más o menos amorosa entre el fotógrafo y la pretty baby. Cuando la relación termina, termina la película. Pero Pretty baby no se puede describir como una historia de amor entre un fotógrafo y una niña: ése es, en todo caso, el tema de la segunda parte de la película. De ahí, creo, surge la sensación de falla argumental. Pretty baby es, en la primera mitad, el retrato de un burdel, y, en la segunda, una historia de amor (no muy convincente, por lo demás). Esa división le quita unidad. La película entera se podría describir de este modo: la historia de una niña prostituta que vive en un burdel y que mantiene una breve relación con un fotógrafo, hasta que la madre la saca del mundo de la prostitución. Una de dos: o el tema es la relación con el fotógrafo y el resto sobra; o el tema es el resto (con un esquema de “pasaje de mala vida a supuesta vida mejor”) y la relación con el fotógrafo sobra…
Más allá de esas posibles fallas (un personaje inconvincente y desequilibrio argumental), Pretty baby es una película espléndida. Un clásico: atraviesa las décadas. Y una rareza: no se deja incluir con facilidad en ninguna categoría. Por lo pronto, no es una película erótica. Tampoco se deja agrupar con las Lolita o The woodsman: Louis Malle ha decidido soslayar el tema de la pedofilia. Pretty baby, además, es una película clásica en el sentido de que no es romántica; el autor (acompañado por la fotografía excelente de Sven Nykvist) se limita a mostrar; no opina; deja de lado sus propias emociones.

Nota anterior sobre Pretty baby

1 comentario:

sofia martínez dijo...

Muy agradable historia, me entretuvo y no sólo eso me cautivó, es una historia que vale la pena. Además me recordó a la serie O negocio, cuya historia está basada en grupo de mujeres que utilizan hacen del oficio más antiguo una mezcla entre marketing y placer.