jueves, 3 de julio de 2008

/ Mikres Afrodites /

2008-06-22
En el azar de Internet encontré esta rareza: una película griega del 63 basada en Teócrito y Longo. Más que una rareza es una gema: con un estilo de cine-arte que desde los ochenta ya no existe (blanco y negro, simbolismo, exquisitez, pocas palabras), pero con una juventud y una frescura sorprendentes. El director es Nikos Koundouros, del que yo no conocía ni siquiera el nombre. Un par de siglos antes de Cristo, en Grecia, unos pastores se han perdido; llegan al mar, sedientos; ven a lo lejos a un grupo de mujeres. A partir de ahí, Mikres Afrodites narra dos historias paralelas de atracción erótica: entre un pastor joven y una joven; entre un pastor púber y una púber. Una palabra describe a Mikres Afrodites: belleza. Yo no utilizaría esa palabra para ninguna película de Woody Allen, ni de Greenaway, ni de Einsenstein. Una belleza arcaica, trágica, sin tiempo. La película no es, ni pretende ser, realista. Juega permanentemente con el simbolismo, pero el fondo –el tema– es simple: el deseo erótico. Las vicisitudes se repiten: un deseo erótico sin tiempo. Eterno.

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