domingo, 13 de julio de 2008

/ Seda /

2008-07-12
Vi la película como si no hubiera leído el libro de Alessandro Baricco. Mi endeble memoria no recordaba nada, salvo la imagen de un hombre que viajaba a Japón, algo referido a los gusanos de seda, una vaga historia de amor, y la sensación de que en la novela todo era ligero, amable y hermoso. En la película se destacan tres cosas: el esteticismo, la perfección argumental y la eficacia para conmover. El esteticismo puede ser una virtud o un defecto. Ya la novela tenía un grado alto de estilización; en la película todo es bello: el protagonista es un joven hermoso, está casado con una joven hermosa, viaja por lugares hermosos, se enamora de una joven y hermosa nipona, y finalmente, arrepentido, le construye a su mujer un jardín hermoso. El final de la película es hermoso. Todo esto, más allá del agrado que provoca, puede servir para una acusación de superficialidad, exotismo, carácter ornamental, etc. Yo preferí tomarlo como venía: no rechazarlo, no oponer resistencia, jugar el juego que me proponía el director. Y la película me gustó. Más que eso: terminé llorando. Quizá influyeron los sollozos de la sala; en cierto momento, por ejemplo, una veinteañera que estaba sentada a mi derecha “se quebró”. ¿Cómo es posible que una sucesión de imágenes, sonidos y palabras nos manipulen hasta hacernos llorar? Seda no es una gran película, pero, si uno quiere, se disfruta. Es una fábula romántica con una conclusión perfecta.

(En Argentina se distribuyó con el bobo título de “Retrato de amor”.)

Imdb
Silk / Retrato de amor / Soie / Seta / Seda / Seide
Francois Girard
Keira Kneightley, Michael Pitt

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