domingo, 13 de julio de 2008

/ Valentina /

2008-07-12
Me agradan las niñas; ni bien supe que proyectaban Valentina decidí verla. No quería leer ninguna crítica antes de experimentar la película, pero por desgracia leí una: la demolían. Al salir de la sala una chiquita de unos cinco años dijo: “Qué horrible.” ¿Qué puedo agregar…? Valentina viene con formato de producto comercial para niñas de seis, ocho, diez o doce años. No estaba pensada precisamente para mí… Para empezar, es una película de animación sobre una chica de doce años. Eso me remite a la hermosísima Kiki’s delivery service, de Miyazaki. Valentina, en esa cruel comparación, es muy débil. ¿Dónde están los problemas? El “arte” de la película me gustó: las casas torcidas, las flores, los cielos con espirales, la multitud de colores… Desde luego, es un estilo que le debe mucho al Barbie style, pero me encantó. La animación de los personajes, en cambio, es deficiente. Lo más débil, sin embargo, es el argumento: un chico, Fede, gusta de Valentina, pero Valentina gusta de otro chico, que es lindo pero que termina siendo un blef, y Valentina finalmente comprende que su amor es Fede, y con él vive su primer beso. Fin. (Estoy omitiendo al monigote y a la abuela.) Valentina es una telenovela para niñas. Eso, para una película, es fatal. Los noviazgos infantiles son un tema delicado y hermoso que no merece un tratamiento de telenovela. Más allá de eso, en la película hay otros aspectos que me parecen interesantes. Valentina (como cualquier película) es una representación. ¿De qué? En primer lugar, del mundo de ciertas niñas: de ciertas niñas urbanas de clase media de comienzos del siglo 21, digamos. Es diferente del mundo de las niñas pobres, o etíopes, o de 1930. También es diferente del mundo de los varones. Del mío, por ejemplo. El mundo de Valentina (que, por supuesto, va a desaparecer bastante pronto) me asombra. La película me permite entrar en un lugar que es extraño para mí. Lo retrata bien, digamos. En segundo lugar, Valentina (igual que Barbie) representa el mundo en el que ciertas chicas querrían vivir. Una especie de paraíso: ser linda, estar a la moda, tener celular, tener dinero, tener amigas, tener un novio lindo y bueno, ser famosa… y anotar confesiones emocionantes en el diario íntimo que venden los mismos productores de la película. En tercer lugar, Valentina representa el mundo en el que ciertas personas desean que ciertas niñas deseen vivir… Dicho de otro modo: publicidad comercial. O sea: el mundo en el que viven, el mundo en el que quieren vivir y el mundo en el que otros quieren que ellas quieran vivir. Y ahí (en mi opinión) aparece lo principal de Valentina: los valores. ¿Es bueno el sistema de valores retratado y promovido en Valentina? Esta pregunta vale también para Barbie. Vuelvo a recordar a Kiki. Las películas de Miyazaki retratan y proponen otro mundo. Y un detalle, seguramente no casual: creo que el carácter elemental de Valentina es un rasgo más del mundo que propone. En Kiki (o en Harry Potter, para no llegar hasta Japón), la complejidad de la trama y de los recursos utilizados supone espectadores activos e inteligentes; Valentina, en cambio, supone espectadores (o espectadoras) que son como ella: que sólo piensan en el shopping, en la moda, en el maquillaje y en el novio. O sea, propone desde la infancia (igual que Barbie) el clásico modelo de chica linda y algo tonta. Decirlo me desagrada, porque toda chica tiene derecho a ser valorada (por ejemplo por su belleza) y porque a mí me gustan las chicas lindas… pero en términos sociológicos asusta. Es una duda moral.


Imdb
Valentina, la película
Eduardo Gondell

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