sábado, 14 de julio de 2012

/ Fucking Åmål / Lilja 4-ever /


2008-03-14
(La nota anterior, bosquejada, no vale.)
Bueno, me regalé una pequeña diversión. Subtitulé en castellano (mejor dicho, en argentino) las dos películas de Moodysson a partir de subtítulos en inglés escritos por no sé quién. El trabajo (que me ocupó siete días) me obligó a ver las películas de un modo no habitual, volviendo sobre cada escena muchas veces, prestando atención a la concordancia de voces con subtítulos, etc. Toda película está hecha para ser vista de cierto modo: de punta a punta, sin interrupciones, sin detenciones ni retrocesos, e incluso por primera vez: o sea, sin conocer lo que vendrá. A ese modo lo voy a llamar “modo ω” (omega). (Es un invento que se me acaba de ocurrir.) Bueno, el hecho es que, al subtitular estas películas, no las vi del modo ω. El director, cuando las hacía, tampoco las veía del modo ω. (Pero hacía todo para que la película fuera eficaz en el modo ω.) Si no me equivoco, el único que hace películas pensando en el modo ω pero también en otros modos es Greenaway. Él espera que sus películas sean divididas, revisadas, reordenadas... (Borges hacía lo mismo en literatura.) El hecho es que vi las películas de un modo no ω. Y me sucedieron dos cosas. Por un lado, ciertas escenas emotivas perdieron emotividad. Por otro lado, ciertas escenas ganaron emotividad. Sobre todo en Lilja 4-ever. Me sucedió que varias escenas, aisladas, me hicieron un nudo en la garganta. Hasta se me vidriaron los ojos. Por ejemplo, cuando Volodia-ángel le hace recordar a Lilja el momento en que ella escribía “Lilja 4-ever” en el banco. O también el momento en que Volodia-ángel le hace el regalo de Navidad a Lilja: le regala el mundo. A ella, que está condenada. O el momento en que Volodia-ángel le permite escapar de la prisión: y ella se pregunta “¿Adónde voy a ir?” Es libre, por fin, pero no tiene adónde ir. Esos momentos, y muchos otros, son magníficos. Después, sin embargo, vi la película completa en el modo ω y me pareció bastante lineal y fría, como la primera vez. Me resultó muy extraño. (Por eso estoy escribiendo esta nota.) En Fucking Åmål me sucedio al revés: algunas escenas emotivas (como la fiesta sin amigos) después de la quinta o sexta repetición se me apagaron.
Sin embargo, para mí sigue estando claro que la mejor película de Moodysson (de las tres que he visto) es Fucking Åmål. Y las más entrañable, también.

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