martes, 24 de julio de 2012

/ La mujer sin cabeza /

2008-09-26
Hace un rato vi por segunda vez La mujer sin cabeza. Si la primera vez quedé con alguna incertidumbre, ahora se disiparon mis dudas: La mujer sin cabeza es una extraña obra maestra. Es posiblemente la más inteligente de las tres. Y es martelísima… Bueno, esta vez pude ver el comienzo: por un lado, los chicos con el perro en el canal; por otro, las familias en los autos. Vi muchas cosas nuevas. Principalmente dos: los mecanismos para ocultar, distorsionar o desocultar la realidad, y las alusiones sociales.
La vez anterior yo había detectado, digamos, la teoría abstracta sugerida por la película: nuestras representaciones mentales van mutando y no son nunca la realidad; deberíamos considerarlas opacas, no transparentes. Pero no entendí por qué Martel se detenía en todas esas historias aparentemente secundarias: el vendedor de macetas, la chica con hepatitis, etc. Ahora lo entendí: la película muestra muchos ejemplos de varias operaciones que involucran representaciones mentales. En primer lugar, ejemplos de ocultamientos: Verónica sustituye su color natural de cabello con tinturas, las roturas del auto son borradas, Verónica oculta un amante, el olor a podrido de un cadáver es anulado cerrando la ventanilla, hay registros que no aparecen… Por otro lado, hay operaciones de embellecimiento de la realidad; podría poner los mismos ejemplos: el cabello, etc. Y por otro lado, hay operaciones de desocultamiento: averiguar qué sucedió, o tratar de averiguarlo, o al menos descubrir que algo estaba oculto. Un ejemplo es el jardinero que se topa con algo enterrado. Otro es la protagonista, que por un momento quiere saber qué sucedió: si era perro u hombre el atropellado.
Algo que la vez anterior no había ni siquiera barruntado son las alusiones sociales de la película. Hay un chico pobre, Changuila, que aparece muchas veces. Hay también un viaje a un barrio pobre. Y al final hay una sutileza genial: en una “juntada” de todos los protagonistas (una reunión en un hotel) suena una canción comercial norteamericana; aparecen los títulos y un rato después la canción es sustituida por una cumbia berreta. Ahí está el contraste social, y el deseo de ocultar uno de los polos del contraste: el desagradable mundo de los pobres (los cuales, sin embargo, son utilizados por la clase media, y conviven con ellos). Es decir que los ocultamientos y distorsiones de la imagen de la realidad son de muchas clases. Y la película no deja de ser hiperrealista en ningún momento: logra que uno vea esos procesos en el mismo transcurrir de la realidad más cotidiana. Martel sugiere que la imagen de la realidad es una materia plástica, maleable, en permanente proceso de modelado y transformación. A mí me resulta asombroso que Martel haya podido llegar a eso desde una anécdota insólita y casi mínima como la de: una mujer chocó un perro. Lucrecia Martel me deslumbra. No puedo creer que los críticos internacionales no descubran el oro de La mujer sin cabeza. Un detalle más: Verónica, después del choque, padece algún trastorno en la memoria y en la percepción de la realidad; queda confusa, digamos. Es ese momento de extrañamiento, ese cimbronazo, lo que pone en duda todo: la “transparencia” de las representaciones mentales. Pero al final, aparentemente, recobra la lucidez y todo vuelve a su lugar: la vacilación desaparece, las operaciones de modelado de las representaciones vuelven a ser transparentes… Aunque ya no para el espectador (o no al menos para algunos espectadores…). Y una cosa más: igual que en las películas anteriores, acá el verdadero protagonista no es un individuo sino un tejido social. No importa menos el fondo que la figura; no importa menos el entorno que la figura.
En síntesis, creo que La mujer sin cabeza es la más inteligente, la más ajedrecística de las extrañas creaciones de Martel (hasta 2008, al menos). Lucrecia Martel, sin ninguna duda, es lo mejor que ha dado el cine argentino del último medio siglo. Y quizá también del último siglo.

La mujer sin cabeza / The headless woman / La mujer rubia / La femme sans tête / La donna senza testa / A mulher sem cabeça / Die Frau ohne Kopf
2008
Lucrecia Martel
María Onetto

2 comentarios:

Anónimo dijo...

buenas, la vi recien y me parecio estupenda. tendre resaca de esta pelicula por los proximos 3 Dias al menos. hablas de la cumbia del final y hace horas que trato de saber quien la interpreta y como se llama la cancion. mi correo ecoclean1love@Gmail.com les dejo un saludo
mariano

Spectator dijo...

Hola, los créditos de la película dicen esto:

"Penas que queman el alma"
Compositores: Julio Alberto Tolaba / Nolasco Arapa / Gustavo Arturo Retamozo
Intérprete: Los Lirios Salteños
Gentileza de RGH

Saludos